lunes, 5 de marzo de 2012

Porque la gente muera uno no tiene por qué dejar de vivir. Es como si dejaras de comer, o de vacunarte, porque otra gente no puede hacerlo. Llamadme cruel, pero lo veo así.

martes, 21 de febrero de 2012

lunes, 20 de febrero de 2012

Hoy me he dado cuenta de que hace lo mismo con todas, el gilipollas. Pues nada, que le den. Pero todo con amor.

domingo, 12 de febrero de 2012

Cada vez que pienso en él me viene a la cabeza su pelo rubio, sus ojos azules y que nunca me habían gustado los chicos así. Yo siempre he sido más de moreno de ojos verdes. O marrones. O negros. Pero ¿azules? Muy fríos para mi gusto.
Los suyos no. Tiene unos ojos de color azul profundo, un azul que recuerda al mar, recuerdan al agua, al abismo. Como si al mirarlos me hundiera en ellos.
Es cariñoso, es gracioso, es simpático. Es alto, también. Y tiene una sonrisa preciosa. No sólo sonríe con los labios, sino con los ojos también. Se le forman arruguitas en la comisura. Cuando sonríe, me siento en casa.

sábado, 7 de enero de 2012

Me hipnotizó por fin con su verso letal

Estoy aquí, con un billete de veinte encima de la mesa pensando lo lento que viene todo y lo deprisa que se va. Pensando en fumarme un cigarrillo al lado de la ventana sólo para ver el contraste entre el naranja del fuego y el gris de la ceniza. Pensando en que parezco gilipollas, una niñata más de esas que hay a puñados. La diferencia es que aquí cada uno cree que es único, diferente. Claro, cada uno es para sí mismo el centro del mundo. Pero con este tema me comporto como una imbécil. ¿Por qué? Porque se supone que uno es el centro de su mundo. Es como si fueras un planeta y lo demás girase a tu alrededor, como las lunas de Marte alrededor del centro de su elipse. ¿Y por qué digo que me comporto como una imbécil? Pues porque yo actúo de satélite. Actúo como si fuera la Luna y lo demás (los demás) el Planeta. Y cada vez que pienso “ya no más” pasa algo que me hace volver a ser la misma idiota de siempre. Nací idiota, crecí idiota y moriré idiota. Aunque siendo idiota es como más feliz se vive. Y quien diga que no, es que lo es.


viernes, 6 de enero de 2012

Dejarse llevar suena demasiado bien

Las calles empedradas, el Sol, los colores de las casas del muelle, dignas imitadoras del puerto de La Rochelle, brillando a la luz del astro rey, la Sirenita de color verde óxido, delatando su naturaleza de cobre; las calles, llenas de gente, de vida,


martes, 13 de septiembre de 2011

Ella ya no es ella

De vuelta.
Ella ya no es ella, ella ya no es yo, yo ya no soy yo. He cambiado, no sé si para bien o para mal, pero sé que soy distinta. Ahora ha dejado de importarme lo que digan los demás. Antes tampoco me importaba mucho, pero ahora... voy a empezar a pensar en mí. Puede que haya sido el verano, o puede que haya sido septiembre, ese extraño mes en el que el tiempo está loco. Hoy, sin ir más lejos, veintiséis grados en la costa cantábrica. Puede que mañana granice.
Prefiero preocuparme por mi propia felicidad, me he pasado la vida intentando agradar a los que me rodean y ya estoy harta. No es que vaya a dejar de preocuparme por mis seres queridos, claro, pero ahora no serán tan prioritarios. Yo soy mi única prioridad por ahora.
Hasta hace un par de días no era más que la sombra de lo que ahora soy, o pretendo ser.
Necesito independencia, pero por desgracia, es complicado. No puedo irme de casa, y tampoco es que quiera, pero no me gusta dar explicaciones. Me siento controlada, y hay personas que reciben mis excusas a las que a veces prefiero ni mirar.

jueves, 28 de julio de 2011

Creo en el Ratoncito Pérez, en los Reyes Magos, en Papá Noel, en las sirenas, en las hadas, en el troll feo de Harry Potter, en vampiros, hombres lobo y brujas buenas; creo en Campanilla, en la segunda estrella a la derecha y en que Peter Pan me llevará volando al País de Nunca Jamás; creo en el cofre de oro al final del arcoiris, en los gnomos del parque y que Jack Sparrow no mató al kraken. Creo en las medias de colores y que combinan bien, creo que en mi vida anterior fui Maria Antonieta y que los príncipes azules destiñen. Creo en los deseos, en los tréboles de cuatro hojas, en que la manzanilla no me sienta bien y en que me encanta leer. Creo en que la luna llena me trastorna y que mi madre es muy mística, en que los pomelos con azúcar son geniales y en que mi pelo es más negro que el azabache aunque le haya encontrado un mechoncito rubio. Creo que Londres es una ciudad preciosa aunque demasiado grande, pero me gusta el clima porque se parece al de donde soy yo. Creo que mis amigas son la crema del merengue y que las quiero mogollón.






Y PUNTO.